Vivimos tiempos difíciles. Nadie lo podrá jegar.
Nuestra sociedad está seriamente amenazada por diversos peligros a los que hay que agregar la manipulación y desinformación de la gente dirigida por mentes siniestras y con intereses ideológicos y políticos diversos.
En etapa de procesos electorales, todos somos testigos, las pasiones se desatan y el deporte favorito es pegarle a la autoridad en turno, existan o no razones.
Nadie nos podrá decir, en caso de que esté en su sano juicio, que en el presente sexenio no hay una sola acción que reconocer o algún programa social que agradecer. Si decimos, agradecer, en razón de que solo falta que la humanidad pierda esa virtud del valor del agradecimiento.
El programa de Atención a los Abuelitos tiene una significación tan profunda que únicamente los ciegos por sus pasiones ideológicas se niegan a ver, a pesar de que centenares de sus familiares son beneficiados con el respaldo económico otorgado por el gobierno estatal para satisfacer sus urgencias de alimentos y de medicinas.
Quizás tienen su razón- esos críticos de escritorio y de ligas partidistas opositoras- en pensar de esa manera al estar en su papel de refractarios , pero caen en los absurdos al descalificar acciones como la antes señaladas.
La memoria no registras acto tan humano y de justicia social, digamos que desde el triunfo de la Revolución, como el que está llevando a cabo por el actual gobierno estatal al apoyar económicamente a los forjadores de la Tlaxcala de Hoy. Durante decenas de años, nuestros abuelos estuvieron abandonados a su mala suerte y miseria, como resultado del criminal olvido de gobiernos dizque liberales y de izquierda.
Pero, déjeme que le comente estimado lector, en esos tiempos no surgieron voces en su defensa, nadie de esos críticos afines a esos gobiernos alzaron la mano en defensa de nadie. Simplemente callaron por conveniencia y por afinidad ideológica.
Hoy las cosas sin diferentes, los propios beneficiados, que suman más de 30 mil, y miles de sus familiares reconocen el apoyo gubernamental y el esfuerzo de quien gobierna la entidad, quien a pesar de todo continúa adelante con su programa, y es más, con respaldo del Congreso dejó una ley que protegerá por los años venideros a nuestros queridos mayores.
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Esto es justicia social, no la crítica y la ofensa nacidas del rencor y de las venganzas políticas.
Por otro lado: Usted y su servidor que vive en Tlaxcala sabemos que la violencia e inseguridad están en todas partes. Pero lo cierto es que Tlaxcala, a pesar de todo, continúa siendo el estado más seguro. Y mire que no lo digo yo, lo afirman las estadísticas policiales y las encuestas serias.
Hay dos factores que han abonado a que gocemos de esta libertad protegida, por un lado la preocupación y acción del gobierno estatal a través de la permanente capacitación de la policía, mejor equipo y la video vigilancia, y por el otro, la presencia de las fuerzas militares que se han coordinado con los civiles para hacer frente y frenar a la delincuencia.
Nadie dirá que estamos en el paraíso, sería una falsedad y nos haríamos tontos, pero sabemos que existe seguridad, aunque debemos hacer conciencia de que debemos cuidarnos y hacer uso de la denuncia pública sobre delitos y de conductas sospechosas.
El asunto es cuidarnos unos a otros, no ser indiferentes a los problemas de los demás y buscar no violar la ley. Así de sencillo, y como dicen en mi tierra, hoy por ti mañana por mí.
Mientras algunos críticos de profesión y otros por instrucción alardean en sus descalificaciones, nos encontramos que en las giras de trabajo que el gobernante tlaxcalteca realiza por municipios y comunidades, alcaldes de diversas corrientes políticas están reconociendo el trabajo gubernamental, el esfuerzo del mandatario estatal y los respaldos traducidos en obras de beneficio colectivo, en razón de que no existe exclusión ni ninguneo para impulsar el desarrollo social.
Así las cosas, reitero, en tiempos electorales las pasiones se sueltan y la tempestad de críticas arrecian, pero ante la vista de todos quedan los hechos y los millones y millones de pesos destinados a la obra pública.
Decir lo contrario y desconocer lo que se hace solo tiene una definición: viven su propia realidad enajenada.
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