LEYENDAS

TLAXCALTECAS

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LEYENDAS TLAXCALTECAS

MAGDALENA

Dicen que hace mucho tiempo, en una pequeña comunidad, cuando todo era una hacienda, los dos dueños, que eran unos hermanos hacendados, se habían enamorado de una mujer llamada Magdalena a la que los criados acusaban de bruja, ya que ésta no tenía gracia alguna: vestía de una forma desagradable y fea, no se arreglaba y no tenia ni la más mínima idea de lo que es “higiene. Su rostro parecía muy desgastado a pesar de su joven edad, no tenía ninguna gracia en su cuerpo, ella era un poco alta pero demasiado delgada, sin forma ni nada, sus ojos se veían nublados y con una mirada siempre perdida hacia el infinito.

Cabe destacar que, aunque era así, provenía de una familia de ricos y su única hermana era muy diferente, de hechos todo lo contrario a Magdalena. Pues bien, los dos jóvenes, sin explicación aparente, se habían enamorado a primera vista; todo lo bueno que hacían lo dedicaban a ella, pero ella no mostraba ni un poco de alegría a aquellos por parte de ambos hacendados. Todos aseguraban en las noches verla salir hacia la barranca vistiendo de negro, siempre llevaba prisa por llegar, y todas las mañanas aparecía cuando menos una vaca muerta o cualquier otro animal; nadie podía acusarla directamente por falta de pruebas pero sí podían levantar chismes.

Jacinto fue a la casa de Magdalena y se encontró a Minerva, su hermana, y cuando le preguntó por Magdalena le dijo que no sabia, que desde ya hacia mucho se había ido del lugar, aunque en sus ojos se notaba un poco de nerviosismo. El insistió y finalmente Minerva cedió y le dijo que Magdalena estaba en su escoba pero que no era conveniente molestarla. Jacinto, sin escuchar esto último, se adentró en la casa buscando de puerta en puerta hasta encontrar el cuarto de Magdalena, mientras Minerva lo seguía a todos lados para decirle que no siguiera Jacinto no hacia caso. Finalmente encontró el cuarto, lo abrió y para sustote todos lo que vio fue a Magdalena en el suelo, desnuda y con un montón de objetos de brujería negra por doquier. Entre lo que vio había una foto de cada uno, de Jacinto y de Juan, una pañoleta idéntica a la que le dio a Juan y un muñeco que estaba en una cajita a punto de ser quemado por una vela. Todo lo demás eran huesos de pollo y sangre de quién sabe qué cosa, un par de ratas decapitadas y velas negras, así como muchas hojas de papel en las que había escrito maldiciones y conjuros, todos revueltos.

Pero había algo más grave, lo peor era ver a Magdalena vomitando sangre y con los ojos rojos y un poco volteados. Ella se convulsionaba a cada instante y gritaba con más fuerza cada vez. Se apreciaban en todo su cuerpo varias cortaduras y quemaduras. Cuando dejó de convulsionarse empezó a arrastrarse y a hablar en otro lenguaje que por lo poco que se le entendía era latín. Finalmente, de su estómago comenzó a alzarse un chipote y a moverse para todos lados sin detenerse. De pronto, pareció intentar salirse de su estómago hasta que lo logró, rompiendo todo el estómago y desangrándose. Aquello que de allí salió se asemejaba a la cabeza de un bebé, pero toda quemada.

En una de las noches en que ella salía se topó con uno de los jóvenes, Juan era su nombre y era el más chico. El se ofreció a llevarla a donde ella quisiera, pero Magdalena se negó no sin antes darle una pañoleta y pedirle que se la diera a su rival. Juan no se imaginó nada y prefirió guardarla para sí mientras veía a Magdalena alejarse por el camino. A la mañana siguiente, Juan amaneció muy enfermo y apretando en su mano la pañoleta. Jacinto, su hermano, intento por todos los medios salvarlo pero nada resultaba, y aunque llamó a todos los doctores del lugar, ninguno pudo diagnosticar lo que le sucedía. Cada día amanecía peor y su cuarto se inundaba de un olor fétido mientras que su piel empezaba a amarillearse como la yema de un huevo. Todos se veía perdido y Jacinto no tenia otra cosa en la mente que no fuera Magdalena; parecía cada vez más desinteresado en Juan. Todos en la hacienda rumoreaban que era un embrujo de Magdalena y cuando por fin Juan murió, Jacinto mandó a enterrarlo y encontró junto a la cama de Juan el pañuelo.
Al término de esto, Magdalena murió, Jacinto cobró el sentido de la razón y salio de esa casa. Pronto Minerva también lo abandonó todo y se fue después de algún tiempo. Fue derrumbada la casa pero por miedo a algún otro problema con Magdalena, sepultaron todo y a hora es un terreno baldío. Jacinto y Minerva se conocieron y pronto formaron una bella familia de la hoy provengo yo, nunca quisieron contarlo a nadie eso quedó entre familia y hace no mucho mi abuelita (Minerva) mela contó a mi.
LA CHUPADA DE BRUJA

La historia de la tlahuelpuchi causa escalofríos entre los habitantes mayores del área rural de Tlaxcala al ser recordada; y es que apenas hace algunas décadas, varios niños parecían de haber sido chupados por este singular personaje. La necesidad de dar explicación a la muerte, ha originado miles de estudios, teorías y también de leyendas; una de éstas es la que recorre los poblados de Tlaxcala. Se dice que las tlahuelpuchis son aquellas mujeres que chupan la sangre a los bebés Estos individuos tienen el poder sobrenatural de transformarse en animales, principalmente en aves y dentro de esta especie el guajolote es el más común

Entre las características que las personas de los pueblos han dado a las tlahuelpuchis es que éstas se convierten a la primera menstruación de la joven y de ahí en adelante tendrán la necesidad de chupar sangre de dos a cuatro veces al mes; la única manera de hacer que no haga es matándola. Las tlahuelpuchis no pueden transformarse en animales en presencia de la gente normal, para ello la hipnotizan o se retiran a donde no puedan ser vistas El rito que realizan para adquirir este don de transformación, según se cuenta, se hace el último sábado de cada mes, después de la media noche.

En la cocina de sus casas, las itlahuelpuchis hacen fuego con madera de capulín, copal raíces de agave y hojas secas de zoapatl; cuando el fuego está ardiendo, la mujer camina sobre el tlecuil tres veces .de norte a sur y de este a oeste; después se sienta sobre el fuego mirando al norte y sus piernas y pies se separan del resto de cuerpo. Toda ella es transformada en perro y coloca las piernas y sus pies sobre el tecuil en forma de cruz. Este tiro mensual se puede considerar como la recarga de baterías sobrenaturales que le permite por un mes transformarse de mujer en animal. Otros de los rasgos que distinguen a estas personas es la luminosidad por la que se hacen acompañar, como si una bola de fuego rodara con ellas además de un tuene olor a sangre.

La creencia es que el deseo de las tlahuelpuchis por chupar sangre aumenta con el tiempo frío y lluvioso. Los bebés que prefieren estas mujeres tienen entre tres y diez meses de edad, pues se cree que es la sangre de mejor gusto y la más fortificante. La mayoría de las chupadas ocurren entre la media noche y a las cuatro de la mañana. En ese horario se dice que las tlahuelpuchis merodean en busca de víctimas; al acercarse a las casas se convierten en guajolote o en insecto y el siguiente paso es hipnotizar a los habitantes de la casa con su vaho. Una vez que todos duermen, la tlahuelpuchi vuelve a adquirir su forma humana, chupa al niño y sale de la casa dejando la puerta entreabierta. Las marcas que se observan en los pequeños son moretones y ronchas en el pecho, y a veces en la espalda y cerca del cuello, además de un tenue o en ocasiones intenso color azulino o purpuriento en la cara o el cuello.

Pero como todo fenómeno, la chupada de la bruja también tiene su antídoto entre los habitantes de la Tlaxcala rural. Los métodos que se utilizan para proteger a los bebés son un pedazo de metal brillante, un cuchillo o un a caja de agujas o alfileres debajo de la cuna o cerca del petate donde duerme la probable víctima; unas tijeras abiertas, una cruz hecha con monedas en la cabecera de la cuna, un espejo o una cubeta de agua cerca de la puerta o donde duerme el niño; pero lo más efectivo, según creencias, son dientes de ajo envueltos en una tortilla y colocados en el pecho del bebé o carios pedazos de cebolla regados. Debido a que el fenómeno hasta mediados de los años sesenta era muy común, en ese entonces la mortandad de los niños era de un 50 por ciento antes de llegar a la edad de cinco años y la gran mayoría en el primer año de vida, se han buscado explicaciones científicas, que son las siguiente:

Existen cinco contextos en los cuales se pueden establecer las causa de la muerte de niños atribuidas a la tlahulpuchis,: asfixia, que ocurre cuando sus mamás los amamantan por la noche y se duermen con ellos en el pecho; sofocación, cuando en las noches muy frías se les cubre en exceso; ahogamiento, cuando después de amamantados no se les hace eructar y son acostados boca arriba; infanticidio, por venganzas; y la última es el que se conoce como el síndrome de la muerte súbita.

En los inicios del siglo XXI poco se escucha de “la chapada de bruja” en Tlaxcala, el mito poco a poco va perdiendo sustento, aunque se sabe si hay una distancia tan grande entre mito y la realidad.

EL FRAILE

La siguiente historia se desarrolla en Tlaxcala, durante la época colonial de la nueva España, cuando un matrimonio de españoles acababa de tener su primer hijo, quien resulto ser una hermosa niña, la cual, aparte de la inmensa fortuna que la rodeaba, dicen que era tan blanca como la nieve. Los padres, como buenos cristianos, la llevaron a bautizar con un sacerdote amigo de la familia. La niña creció y ya entrada la adolescencia sus padres murieron en un trágico accidente. Cuentan que antes de morir dejaron a la hija al cuidado del sacerdote, el cual aceptó gustoso pues la niña era su adoración, además de que la niña afectuosamente le llamaba padrino.

Los años transcurrieron y esta joven doncella cada día era más hermosa, por lo que no tardaron en aparecer pretendientes y estafadores que comenzaron a rondarla, sin embargo su padrino, el clérigo, siempre estaba al pendiente de ella y de su cuidado. Ocurrió que por esas fechas, procedente de Europa, llegó un joven aristócrata portugués venido a menos por las deudas de juego. Éste, al llegar a Tlaxcala y aprovechando su condición social, conoció a esta joven y comenzó a cortejarla. Los halagos y promesas de amor comenzaron a envolver a dicha joven quien se enamoro perdidamente de este joven, sin embargo su padrino no estaba muy convencido y se dedico a investigar la conducta y el pasado de dicho joven.

Se entero de que en Portugal había dejado a su esposa e hijos y que mantenía relaciones con algunas jóvenes aristócratas, además de que frecuentaba por las noches lugres de dudosa reputación. El clérigo prohibió a su ahijada que lo volviera a ver, y decidió hablar con el joven a quien amenazó con delatarlo ante su sobrina de sus actividades y conducta si éste insistía en cotejarla. El portugués no encontró otra salida que pedirle a esta bella dama que huyeran lejos al puerto de Veracruz, donde tomarían un barco que los llevaría a Europa para vivir su amor. La joven moza aceptó y quedaron de verse en la noche para huir lejos de la influencia de su padrino. Al caer la noche el joven esperaba en la puerta de la residencia a su amada, pero a lo lejos vislumbro una silueta ya conocida, era el clérigo que por una extraña razón tuvo el repentino impulso de buscar esa noche a su ahijada.

El portugués se dirigió a el y se vieron frente a frente en un puente, donde comenzaron a discutir. El joven sacó su puñal y lo clavo en la cabeza del cura el cual cayó herido de muerte a sus pies. Al ver lo que ocurría decidió arrojar el cuerpo al río. Lo arrojó, y al momento recordó que el puñal tenia grabadas sus iníciales y dedujo que al notar la desaparición del fraile, los cortesanos intuirían que el único enemigo del fraile sería él y más si encontraban el cuerpo con el puñal, razón por la que decidió huir a Perú. La joven esperó toda la noche y nunca llegó su amado. Se encerró en su casa a llorar por lo ocurrido y tiempo después fue a buscar a su padrino para buscar consuelo, pero no lo encontró. La gente comenzó a murmurar la desaparición del portugués y la del fraile y llegaron a la conclusión de que el portugués había matado al clérigo y había huido del país para evitar el castigo de las autoridades

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Transcurrieron tres años y el joven portugués recibió noticias de la joven todavía estaba soltera y no había dejado de pensar en él. Nuevamente la avaricia y el deseo por esa joven tan hermosa y sumamente rica lo motivaron a regresar a la nueva España. Regreso y se hospedó en un mesón cercano a la casa. Al comenzar a anochecer salió a buscar a su amada, para lo cual tenia que atravesar ese puentes donde dio muerte al fraile. Al momento de atravesarlo una visión espectral lo detuvo en seco, ante él estaba un cadáver putrefacto con jirones de ropa d otros tiempos debieron de haber sido los hábitos de un fraile. Estaba dispuesto a gritar pero una fría mano se aferró a su garganta y sus ojos se apagaron.

Al día siguiente encontraron al joven portugués muerto con los ojos abiertos y sobre él estaba el esqueleto de un fraile con un puñal atravesado en la cabeza. Cuentan que todo ese tiempo el fraile estuvo esperando con paciencia el regreso de este joven para tomar venganza y velar por el bienestar de su ahijada.

LA JOVEN RECLAMADA

Existía en Tlaxcala una familia de excelente posición económica que esperaba un hijo. El día del parto mandaron llamar a una comadrona con fama de bruja, la cual ayudo con el parto y cuando nació el bebé resulto ser una hermosa niña, a lo cual la bruja predijo que cuando la niña creciera, si no la reclamaba Dios, la reclamará el Diablo; la familia no escuchó tal presagio y los años pasaron. En el cumpleaños número quince, esta niña, a la cual nombraron Clara, se convirtió en una bellísima joven, se decía que era la mujer más hermosa de la Nueva España. El mismo día del cumpleaños llegaron unas monjas a la casa de esta familia ofreciendo llevarse a la joven a un convento para su educación y sobre todo para inculcarle el miedo a Dios y a sus castigos, ya que la hermosa joven tenía fama de déspota. Los padres le preguntaron si quería ser internada en un convento, a lo que ella contestó que solo las feas y las infelices debían estar encerradas.

Los padres propusieron casar a la joven y ella puso como condición que cada caballero que la fuera a pedir tenía que batirse en duelo para alcanzar los favores de su corazón y desposarla. Decena de caballeros murieron en duelo y ella no se decidía por nadie. En su cumple años dieciséis, por la noche, cuando todos estaban en sus aposentos, la joven peinaba sus dorados cabellos cuando escuchó los cascos de un caballo llegar hasta donde su balcón estaba. Escucho una hermosa melodía y se asomó, pero cual fue su asombro ya que un hermoso caballero al que jamás había visto le llevaba serenata a la cual ella correspondió con gusto. El joven se acercó y le dejo una rosa.

Pasaron los días y el joven iba cada noche a ver a la bella muchacha, quien ya para ese entonces estaba enamorada del hermosos caballero, el cual le pidió que huyera con él a la noche siguiente, a lo cual ella contesto afirmativamente.El caballero llegó como todas las noches y ya la esperaba cuando ella bajó sigilosamente y llego hasta él, subió a su caballo llena de felicidad y salieron de Tlaxcala hacia otra ciudad. En el camino ella iba acariciando la mano de su caballero, cuando de pronto sintió la mano llena de vello y al verla vio que no sólo estaba llena de vello sino que además tenia unas largas uñas. Ella volteó a ver al joven, y cuál fue gran sorpresa: era el diablo en persona el hermoso caballero que la llevaba lejos.

No se volvió a saber nada de la joven. A los pocos días encontraron a una mujer de dorados cabellos y con la cara totalmente desfigurada, por lo cual no pudieron reconocer quién era.

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