INTRODUCCIÓN


PREHISPÁNICA


VIRREINO



REVOLUCIÓN



CONTEMPORÁNEA


El régimen de Porfirio Díaz y el Prosperato

A la muerte de Juárez se profundizaron las fisuras entre el viejo grupo liberal, enfrentándose lerdistas y porfiristas. Entre los partidarios de Porfirio Díaz se distinguía Próspero Cahuantzi, quien había combatido al lado del general Díaz y de Manuel González durante la guerra de intervención francesa. La rebelión de Tuxtepec, iniciada en 1876, tuvo su culminación en la batalla de Tecoac, donde los porfiristas derrotaron a los lerdistas y, como consecuencia de ello, Melquiades Carbajal fue desplazado de la gubernatura, misma que fue ocupada por tres gobernadores interinos. Al asumir la Presidencia de la República, el general Porfirio Díaz permitió el regreso del liberal Miguel Lira y Ortega a la gubernatura, como un gesto de reconciliación con los viejos juaristas y, además, porque necesitaba el prestigio de ese liberal. Porfirio Díaz compensó al otro candidato, Próspero Cahuantzi confirmándole el grado de coronel, además de hacerlo diputado local para el bienio 1877-1879.


Coronel Próspero Cahuantzi
Créditos: Álbum de Salón, De M. Resines

El 15 de enero de 1885 Próspero Cahuantzi ascendió al poder. Su gestión está llena de claroscuros. La eficacia administrativa de este soldado del pueblo lo llevó a diseñar un proceso de industrialización inusitado para su época, que consistió en la promoción para la instalación de varias fábricas textiles y otras industrias de transformación, así como la modernización de la agricultura. Su administración había heredado de Miguel Lira y Ortega y de Benito Juárez, dos importantes vías de comunicación: el Ferrocarril Interoceánico que tenía una estación en Calpulalpan, y el Ferrocarril Mexicano con estaciones en Apizaco y Huamantla. Este contaba, además, con un ramal que partiendo de Apizaco pasaba por Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala y Puebla. Los hacendados pulqueros del norte del estado fueron beneficiados con el ferrocarril porque pudieron enviar su producto a la ciudad de México, lo mismo que los empresarios textiles, ya que disminuyeron los costos de transportación y el tiempo para sus envíos. En conjunto, hacendados y empresarios se dieron a la tarea de construir más de 40 ramales de ferrocarril mediante tracción animal, que conectaban sus empresas con las estaciones de las líneas ferroviarias, llegando a tener una extensión nada despreciable de 260 kilómetros, lo que indica la importancia que tuvo este medio de comunicación para el desarrollo de Tlaxcala.

Los pequeños talleres artesanales de velas, cerillos, vidrio, fundiciones de fierro, loza, papel, aguardiente, aceite, jabones, etc., se fueron transformando en pequeñas y medianas empresas, que junto con las unidades textiles, indicaban ya una incipiente industrialización, aún cuando la producción agropecuaria fuera la actividad predominante en la economía tlaxcalteca.

La administración del coronel Próspero Cahuantzi, también impulsó la obra pública mediante la construcción de kioscos, remozamiento de plazas, apertura de calles, construcción de mercados, puentes y edificios públicos. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Tlaxcala sustituyó el antiguo alumbrado público de petróleo por el de luz incandescente, quedando mejor iluminada la Plaza de la Constitución, el mercado y parte de la avenida principal. Por esos años, también fue remodelado el Palacio de Gobierno y, en 1906, el gobierno del estado adquirió, por dos mil pesos, el teatro Xicohténcatl, ubicado en la avenida Juárez. Pronto este inmueble fue escenario de suntuosos bailes, donde se presentaban las compañías españolas de zarzuela de paso a la ciudad de México provenientes de la Habana; conciertos de música clásica, amén de la celebración de actos políticos. Pero de manera especial, ahí se presentó en varias ocasiones la compañía Rosete Aranda de Huamantla, considerados los mejores titiriteros de la República Mexicana.

La educación también fue motivo de preocupación en esta larga administración (1885-1911). Entre sus aciertos debe considerarse la fundación del Instituto Científico y Literario de Tlaxcala, además de la construcción de edificios para las escuelas primarias, incrementando el número de maestros y la matrícula escolar. Otra de las obras educativas que vale la pena recordar fue la Academia de Música, que permitió la sistematización de los conocimientos musicales de los tlaxcaltecas.

 

En 1906, los municipios de Tlaxcala, Apizaco y Huamantla, quedaron comunicados telefónica y telegráficamente. Rafael Anzures, entonces presidente municipal de Tlaxcala, se dio a la tarea de construir un canal que condujera las aguas del río Zahuapan desde Apetatitlán, hasta la confluencia con el río de Los Negros, para generar energía eléctrica que se aprovechara en el alumbrado de la capital del estado. Estos esfuerzos fueron coronados el 16 de septiembre de 1910, cuando el gobernador Cahuantzi inauguró la presa construida en Apetatitlán que alimentaba al acueducto de la planta eléctrica. Pese a las innegables mejoras materiales y sociales, preocupado por tener mayores ingresos, el gobernador elevó las contribuciones a los productores de pulque, provocando enfrentamientos con este sector.

Los pulqueros alegaban que sus contribuciones eran mayores que las de los hacendados cerealeros. También los pequeños y medianos propietarios dedicados a la producción de autoconsumo se sintieron afectados por incrementos en el impuesto predial. Cahuantzi tuvo el mayor problema en materia de ingresos con los causantes del impuesto predial, quienes desencadenaron en 1897 un movimiento de grandes dimensiones, propiciando que desde 1897 hasta 1905 fueran amparados por el poder Judicial. El líder del movimiento, Andrés García, fue asesinado aparentemente por instrucciones del propio gobernador.

Ante el descontento de la mayor parte de los sectores sociales, Próspero Cahuantzi advirtió que los equilibrios sociales que había establecido desde el siglo pasado, empezaban a cambiar sin encontrar la forma de reestablecerlos. La Sucesión Presidencial, escrito por Francisco I. Madero, empezó a circular en Tlaxcala desde 1908, obra en que se hacía una severa crítica del régimen porfirista. Su lectura, así como la lucha contra el impuesto predial y por mejores condiciones de vida, son algunos factores que permitieron la formación de una conciencia antirreeleccionista en la entidad, que derivó en la formación del Partido Antirreeleccionista de Tlaxcala, postulando principios similares al Partido que desde mayo de 1909 funcionaba en la ciudad de México. Los fundadores del Antirreeleccionista de Tlaxcala fueron Juan Cuamatzi, Marcos Hernández Xolocotzi, Antonio Hidalgo, Diego y Trinidad Sánchez, Severiano Pulido y otros. En las principales poblaciones se establecieron células de esa organización política denominadas Centros Antirreeleccionistas. Reconociendo el liderazgo regional de la Junta Revolucionaria de Puebla dirigida por Aquiles Serdán, los antirreeleccionistas tlaxcaltecas acordaron levantarse en armas el día 26 de mayo de 1910. Así, los revolucionarios de Santa Cruz, Tlaxcala y otras poblaciones, se concentraron en Contla y apresaron al presidente municipal Nicolás Reyes, quien logró escapar al pasar por Apetatitlán donde hubo un enfrentamiento entre los rebeldes y la policía. Los revolucionarios sorpresivamente recibieron órdenes de la Junta Revolucionaria de Puebla de suspender el alzamiento hasta nueva indicación. Juan Cuamatzi y sus seguidores se dirigieron al cerro Blanco donde acordaron disolverse en pequeños grupos y esperar nuevas instrucciones.

 


Tren atravesando el campo tlaxcalteca
Crédito: Secretaría de Turismo de Tlaxcala

 


Tlachiquero
Crédito: Colección C. B. Waite, Archivo General de la Nación