INTRODUCCIÓN


PREHISPÁNICA


VIRREINO



REVOLUCIÓN



CONTEMPORÁNEA


La Provincia de Tlaxcala

Diego Muñoz Camargo sustenta que la fundación de la ciudad obedeció a la necesidad de los españoles de consolidar su alianza con los cuatro señoríos, dándole unidad a los mismos, mediante la congregación de los principales y sus vasallos, pues de esta manera se introducían las instituciones religiosas, de gobierno y de organización social de los dominadores, para desplazar paulatinamente las correspondientes a los indígenas. Dice el historiador que los señores de Tlaxcala se bajaron al llano y ribera del río Zahuapan, donde a la manera castellana edificaron grandes y suntuosas casas, de bajos y altos, de cal y canto, y argamasa.

La traza de la ciudad, en su concepto, estuvo muy bien repartida, habiendo dejado los espacios adecuados para plazas y calles "por gran nivel y geometría", en la que mucho tuvieron que ver los religiosos de la orden de San Francisco, siendo virrey de la Nueva España Antonio de Mendoza (1535-1550). Agrega que la fundación de la ciudad ocurrió en una primavera, más o menos cuarenta y cinco años antes de la fecha en la que estaba redactando la Relación Geográfica del siglo XVI (1584). De lo anterior se deduce que la ciudad de Tlaxcala fue erigida en la década de los cuarenta de ese siglo.

La descripción que el citado historiador hace de la ciudad, nos muestra el orgullo de ser tlaxcalteca, así como la identidad que el nuevo centro daba a sus pobladores: "en esta ciudad y llano [...] hay una plaza muy principal, cuadrada y muy graciosa [...] y en torno de ella muy grandes y hermosos portales de postes de madera muy gruesos, que proceden y asientan en una base de piedras, muy bien labradas [...] debajo de los portales se encuentran las tiendas que tienen alquiladas los españoles [...] y al final de ellos, comienza el lienzo de casas", destacando entre éstas, el mesón que atendía a los viajeros de la época: caminantes y forasteros. Adelante del mesón se encontraba la cárcel pública de la ciudad, "obra muy fuerte y con todos los cumplimientos necesarios y convenientes". Descripción especial le merecen "las Casas Reales [...] que hizo el común para [...] aposentar a los virreyes y oidores, obispos y otras personas"; se ocupa después de la fuente, de la que emergen "ocho caños de muy buena agua, continuamente llena del vital líquido donde la gente coge agua para servicio de esta ciudad"; pasa después a describir la picota para la ejecución de la justicia que se encuentra en la plaza.

Una vez consolidada la ocupación de la Nueva España, fue dividida territorialmente en cinco provincias mayores, siendo una de ellas la de Tlaxcala. La provincia era gobernada por un alcalde mayor, del que dependían los cuatro senadores de Tlaxcala. A finales del siglo XVI, el gobierno español elevó la alcaldía mayor a gubernatura con facultades para ejercer actos de justicia. En adelante, los señores de las cuatro cabeceras fueron llamados simplemente alcaldes mayores. Estos a su vez, tenían la facultad de nombrar un gobernador indígena, quien juntamente con los regidores designados por los caciques, integraban el Cabildo o República de Naturales.

 

 

Aparentemente la fundación de Puebla de los Angeles, en el territorio que quedó fuera de la jurisdicción de Tlaxcala, puede considerarse como una medida de las autoridades españolas para respetar la propiedad de la tierra en manos de los indígenas tlaxcaltecas; incluso la reina Isabel de Portugal, regente del imperio español en ausencia de Carlos V, expidió un documento el 13 de mayo de 1535, en el que comprometió a la corona a no enajenar las tierras de los nobles tlaxcaltecas, ni otorgarlas en merced a nadie. El documento incluía a sus sucesores.

Pese a la promesa, se dieron algunas mercedes que desacreditaron la palabra real. Sin embargo, Tlaxcala fue la provincia de la Nueva España en la que se dieron menos mercedes. El Cabildo indígena de Tlaxcala se inconformó por la violación de la promesa y en 1552 envío una embajada a Madrid, España, para entrevistarse con el monarca y recordarle los servicios que la provincia había prestado a la Corona española. La embajada llevaba un documento que posteriormente sería conocido como Lienzo de Tlaxcala.

El documento, aparte de su valor artístico e histórico, recordaba, mediante escenas de la conquista, los servicios que los principales y guerreros tlaxcaltecas habían prestado a la corona, la cual estaba obligada a respetar las promesas, derivadas de tales hechos históricos. Otra embajada fue enviada a España en 1562 exponiendo ante el monarca la inconformidad del Cabildo indígena porque no habían sido canceladas las mercedes y además, por la presencia de estancias de ganado que perjudicaban las sementeras de los indígenas. Felipe II no mostró disposición alguna para cancelar las mercedes que demandaba el Cabildo indígena y tampoco para respetar la promesa de su padre Carlos V. Ello no significó que por ese medio los españoles se apropiaran de tierras en Tlaxcala, también fue la disminución de la población que padeció la provincia lo que permitió la apropiación de terrenos por los españoles, vía la confirmación y desarrollo de un mercado de bienes raíces.

 


Gran mercado de Tlaxcala situado en el señorío de Ocotelulco
Murales Palacio de Gobierno