INTRODUCCIÓN


PREHISPÁNICA


VIRREINO



REVOLUCIÓN



CONTEMPORÁNEA


Los Olmeca-Xicalancas

Hacia el siglo siete de nuestra era, las culturas asentadas en la región tlaxcalteca sufrieron un relativo estancamiento; el florecimiento que entonces tuvieron las culturas vecinas cholulteca y teotihuacana, parece haber representado para aquellas una seria amenaza a su independencia. El gobierno teocrático empezó a ser desplazado por uno militarista, a la vez que se iniciaba la construcción de fortificaciones en las principales ciudades. No obstante tales medidas, resultó inevitable que la región fuera penetrada por grupos culturales diferentes a los que ahí existían. En el norte, noroeste y en un corredor central se asentaron los de influencia teotihuacana, y en el extremo sur los de cultura cholulteca.

Plataforma del Gran Basamento

Durante ese mismo periodo llegaron a la región otros grupos étnicos, con lo que se desataron luchas, movimientos migratorios internos y cierto caos sociopolítico. Entre esos nuevos grupos destaca el de los llamados olmeca-xicalancas, quienes vendrían a llenar el vacío de poder dejado en el sur de Tlaxcala y el valle poblano a la caída de Cholula, ocurrida alrededor del año 650. La hegemonía de los olmeca-xicalancas se extendió del siglo VII al IX d. C. y su capital fue la ciudad de Cacaxtla. Este periodo se caracterizó por un incremento demográfico, producido en gran medida por el arribo de más grupos, como el de los otomíes con influencia huasteca y el de otros vinculados a la cultura del Tajín.

. Vista parcial de la parte superior del Gran Basamento

También en ese entonces se multiplicaron los sitios fortificados iniciados en la etapa anterior, desapareció el corredor territorial del centro de origen teotihuacano, se consolidó el gobierno militarista y se produjo un renacimiento cultural en la región, del cual la ciudad de Cacaxtla es un claro ejemplo.

 

 

Esta cultura estableció su capital, hace más de mil años, en la imponente ciudad fortificada de Cacaxtla, que se ubica en la zona suroeste del actual estado de Tlaxcala, entre la cuenca de los ríos Atoyac y Zahuapan, arriba de un cerro y en una posición estratégica para dominar las planicies de los alrededores. Estaba formada por una serie de adoratorios, plataformas, templos, terrazas, plazas, calles y pirámides, como muchas otras ciudades del área mesoamericana; sin embargo, lo que la distingue entre todas las de la América precolombina son sus numerosas, impresionantes y bien conservadas pinturas murales. Aún cuando Cacaxtla fue edificada por los olmeca-xicalancas, su obra pictórica da cuenta de las notables influencias mayas y teotihuacanas, entre otras, que tuvo esta antigua cultura. Arte y mitología, hombres y dioses, vida y muerte, victoria y derrota, tierra y agua, noche y día, aves y jaguares, guerra y paz, son símbolos duales y antagónicos, no descifrados del todo aún, dibujados con gran realismo en varios de los muros de la otrora magnificente y poderosa ciudad de Cacaxtla. Este tesoro arqueológico, orgullo de la cultura tlaxcalteca, es una de las expresiones más elevadas y espléndidas de dicha cultura, por lo que con frecuencia se le considera como un importante punto de referencia de la identidad histórica de Tlaxcala.

La región funcionaba como zona natural de paso que comunicaba al Altiplano Central con las áreas del Golfo de México, Oaxaca y la costa del Pacífico, por lo que adquirió una importancia estratégica en las relaciones comerciales. Esto provocó que Cacaxtla recibiera constantemente una influencia de diferentes culturas como la cholulteca, teotihuacana, maya, zapoteca y totonaca. Sin embargo, dado que Cacaxtla formaba parte de los corredores comerciales que cruzaban el área poblano-tlaxcalteca, la influencia más directa sobre la zona fue la teotihuacana.

Panoramica del Gran Basamento.