Aún cuando esa unión militar con
los españoles dio a los tlaxcaltecas una cohesión
e identidad cultural de carácter excepcional respecto de
los pueblos conquistados que más tarde configurarían
la Nueva España, debe señalarse que los señores
tlaxcaltecas no fueron ni los primeros, ni los únicos en
negociar con los españoles los términos en que marcharían
juntos a la conquista de Tenochtitlán. A lo largo de los
años hay quien ha querido señalar la supuesta "traición"
en que incurrieron los tlaxcaltecas al aliarse con los "invasores"
españoles. Desde un punto de vista estrictamente histórico,
los tlaxcaltecas, como los cempoaltecas antes que ellos o los xochimilcas
después, se concretaron a sopesar las ventajas de sumarse
a la empresa de conquista ejecutada por un ejército tecnológicamente
más avanzado como era el español y dirigida contra
un régimen que a toda costa había buscado someterlos,
como era el mexica.
Desde ese mismo punto de vista, debe recordarse
que la historia política y militar prehispánica contiene
numerosos ejemplos de alianzas efectuadas en pro de la conquista
de pueblos y territorios. Así, siguiendo la costumbre de
la época, los tlaxcaltecas se aliaron con los españoles
persiguiendo el mismo objetivo militar, sin que mediaran conceptos
como nacionalidad o soberanía cuyo uso y conceptualización
se hallaban restringidos al área física dominada por
determinada cultura a través del lenguaje, las formas económico-políticas,
la creación cultural y la visión cosmogónica
que le eran propias.
Una vez pactada la paz, Cortés arribó
con su ejército a Tizatlán el 23 de septiembre de
1519, alojándose en la casa de Xicohténcatl. Durante
20 días descansó en el territorio de Tlaxcala, donde
le fueron obsequiadas varias hijas de principales y gobernadores,
quienes recibieron el bautismo y la nueva religión.
Acuerdo de paz y recepción de los
Españoles en el Señorio de Tizatlán.
Murales Palacio de Gobierno
La escasez de pólvora por los combates que
los españoles efectuaron a lo largo de su ruta, les obligó
a buscar azufre para su elaboración. Este elemento se encontraba
en el cráter del volcán Popocatépetl, que los
indígenas consideraban sagrado, por lo cual no habían
intentado su ascenso. Cortés envió al soldado Diego
de Ordaz para que lo escalara y descendiera en el cráter,
obteniendo así el material requerido. La hazaña dio
aún más prestigio a los españoles ante los
indígenas.
Las ventajas de la alianza hispano-tlaxcalteca
pronto se dejó sentir con la matanza de la nobleza de Cholula,
donde el pillaje dotó a los tlaxcaltecas, aparte de la esperada
venganza, de sal, oro, algodón, etc., artículos de
los que habían sido privados por el bloqueo.
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