INTRODUCCIÓN


PREHISPÁNICA


VIRREINO



REVOLUCIÓN



CONTEMPORÁNEA


Llegada de los Españoles

Cuando Hernán Cortés solicitó la venia de los señores tlaxcaltecas para transitar por su territorio rumbo a Tenochtitlán, mediante la embajada de cuatro principales cempoaltecas, la mayor oposición a dejarlos pasar provino del guerrero Xicohténcatl Axayacatzin, hijo del señor de Tizatlán Xicohténcatl Huehuetl.

Axayacatzin argumentó ante los gobernantes tlaxcaltecas que el vaticinio de la llegada de los hombres blancos y barbados -relacionado con el retorno de Quetzalcoatl-podía ser un engaño y que esos caminantes del oriente tal vez no fueran los que esperaban. Dijo además "que los castillos flotantes eran resultado del trabajo humano, que se admira porque no se ha visto" y propuso a los cuatro señores "que mirasen a los extranjeros como tiranos de la patria y de los dioses". Este discurso, contrario a la opinión de Maxixcatzin, señor de Ocotelulco, decidió los enfrentamientos con los españoles.

Cortés penetró al territorio de Tlaxcala por la cañada que hoy se conoce como La Mancera. En Tecoac se produjeron los primeros enfrentamientos entre españoles y tlaxcaltecas. En septiembre de 1519, las tropas de Xicohténcatl combatieron a las de Cortés en el desfiladero de Tecoatzingo, con resultados adversos a los tlaxcaltecas. Al día siguiente pelearon en los llanos del mismo lugar, nuevamente sin verse coronados sus esfuerzos.

Los Ejercitos Tlaxcaltecas pelean contra los españoles
Murales Palacio de Gobiern

La deserción de las divisiones de Ocotelulco y Tepetícpac, por las intrigas de Maxixcatzin, disminuyó las fuerzas del capitán Xicohténcatl quien, pensando que los hombres rubios ganaban con el apoyo del sol, intentó vencerlos en una justa nocturna, que también le fue adversa.

Al conocer esta última derrota los señores tlaxcaltecas optaron por ofrecer la paz a Cortés, ordenando a Xicohténcatl Axayacatzin suspender las hostilidades. La paz se hizo en el cerro de Tzompantepec en el mismo septiembre de 1519, concertada en términos de una alianza amistosa. Si bien los tlaxcaltecas aceptaron el vasallaje respecto de Carlos V, Cortés les ofreció participar en la dominación de Tenochtitlán, además de respetar su autonomía y forma de gobierno. A cambio, los tlaxcaltecas adoptarían la religión católica como única y verdadera, y ayudarían en la conquista y pacificación.

 

 

Aún cuando esa unión militar con los españoles dio a los tlaxcaltecas una cohesión e identidad cultural de carácter excepcional respecto de los pueblos conquistados que más tarde configurarían la Nueva España, debe señalarse que los señores tlaxcaltecas no fueron ni los primeros, ni los únicos en negociar con los españoles los términos en que marcharían juntos a la conquista de Tenochtitlán. A lo largo de los años hay quien ha querido señalar la supuesta "traición" en que incurrieron los tlaxcaltecas al aliarse con los "invasores" españoles. Desde un punto de vista estrictamente histórico, los tlaxcaltecas, como los cempoaltecas antes que ellos o los xochimilcas después, se concretaron a sopesar las ventajas de sumarse a la empresa de conquista ejecutada por un ejército tecnológicamente más avanzado como era el español y dirigida contra un régimen que a toda costa había buscado someterlos, como era el mexica.

Desde ese mismo punto de vista, debe recordarse que la historia política y militar prehispánica contiene numerosos ejemplos de alianzas efectuadas en pro de la conquista de pueblos y territorios. Así, siguiendo la costumbre de la época, los tlaxcaltecas se aliaron con los españoles persiguiendo el mismo objetivo militar, sin que mediaran conceptos como nacionalidad o soberanía cuyo uso y conceptualización se hallaban restringidos al área física dominada por determinada cultura a través del lenguaje, las formas económico-políticas, la creación cultural y la visión cosmogónica que le eran propias.

Una vez pactada la paz, Cortés arribó con su ejército a Tizatlán el 23 de septiembre de 1519, alojándose en la casa de Xicohténcatl. Durante 20 días descansó en el territorio de Tlaxcala, donde le fueron obsequiadas varias hijas de principales y gobernadores, quienes recibieron el bautismo y la nueva religión.

Acuerdo de paz y recepción de los Españoles en el Señorio de Tizatlán.
Murales Palacio de Gobierno

La escasez de pólvora por los combates que los españoles efectuaron a lo largo de su ruta, les obligó a buscar azufre para su elaboración. Este elemento se encontraba en el cráter del volcán Popocatépetl, que los indígenas consideraban sagrado, por lo cual no habían intentado su ascenso. Cortés envió al soldado Diego de Ordaz para que lo escalara y descendiera en el cráter, obteniendo así el material requerido. La hazaña dio aún más prestigio a los españoles ante los indígenas.

Las ventajas de la alianza hispano-tlaxcalteca pronto se dejó sentir con la matanza de la nobleza de Cholula, donde el pillaje dotó a los tlaxcaltecas, aparte de la esperada venganza, de sal, oro, algodón, etc., artículos de los que habían sido privados por el bloqueo.