Debido a la importancia que radica en conocer el propio pasado de
nuestra entidad, no sólo para desentrañar los orígenes
y la evolución de la identidad regional, sino también
para entender la realidad presente y para tener más y mejores
elementos con los cuales proponer los cambios positivos y convenientes
que se requieran en el futuro próximo; el Gobierno del Estado
de Tlaxcala ofrece el presente compendio de historia de Tlaxcala,
que es, sobre todo, un trabajo de información destinado a
estudiantes, profesores y público en general. Por tal motivo
su narrativa es sencilla y su estructura principal es cronológica.
Abarca todos los periodos históricos de la entidad de manera
sintética, destacando aquellos acontecimientos, fechas y
personajes que han sido considerados relevantes en el proceso histórico
de la entidad.
Desde sus inicios, la sociedad tlaxcalteca se ha caracterizado por
mostrar una notable cohesión y homogeneidad, debido, entre
otras causas, a que tuvo su origen en un grupo indígena muy
definido, el cual también integró la parte medular
de su desarrollo posterior. Este núcleo social reconfiguró
y consolidó su diferenciación a raíz de su
constante lucha por sostener su autonomía frente al señorío
tenochca -especialmente durante el gobierno de Moctezuma Xocoyotzin-
y luego por mantener vigentes los privilegios exclusivos que le
concediera la Corona española durante la etapa virreinal.
Sobre este fenómeno de identidad
histórica asimismo influyó el hecho de que los límites
territoriales de Tlaxcala hayan variado muy poco. En 1591 a pesar
de lo reducido de su territorio, la fuerte identidad cultural tlaxcalteca,
ya mestizada, llegó más allá de sus fronteras.
Como parte del proceso de conquista y colonización hispana,
varios cientos de tlaxcaltecas fueron trasladados a diferentes regiones
del norte del país y aun fuera de él. Muchas pequeñas
"Tlaxcala" fueron entonces fundadas en aquellos territorios con
el objeto de contribuir a la tarea "civilizadora". Las fronteras
de la provincia colonial quedaron condicionadas por los asentamientos
prehispánicos de la antigua Tlaxcallan, y después
se mantuvieron casi igual hasta la década de 1860, cuando
se anexó al nuevo estado la región de Calpulalpan. |
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No obstante los diversos cambios de categoría política
y forma de gobierno que tuvo Tlaxcala a lo largo de su historia
--de señoríos a cabildo indígena, de éste
a territorio político, luego a distrito, otra vez a territorio
y por fin a estado soberano--, nunca perdió su esencia y
convicción de autonomía como pueblo, aunque para ello
debió luchar con mucha tenacidad, primero contra el poderío
mexica, después ante el gobierno colonial, y más tarde
frente a los regímenes monárquicos y republicanos
tanto centrales como federales, sin que faltaran en esta pugna las
miras anexionistas de su entidad vecina: Puebla. Esa lucha constante
por su soberanía constituye uno de los hilos conductores
de la historia que se narra en esta obra.
Un segundo hilo es la importante
posición geopolítica que siempre tuvo Tlaxcala.
Su ubicación natural en el eje de comunicaciones que va del
puerto de Veracruz a la ciudad de México, y el hecho de estar
virtualmente rodeada por Puebla, fueron factores estratégicos
determinantes durante gran parte de su historia. Los caminos de
herradura que la cruzaron desde épocas tempranas, y más
tarde las vías de ferrocarril, la mantuvieron ligada al Golfo
y al centro del país, marcando el ritmo de su crecimiento
económico, político y social, y también la
involucraron en importantes acontecimientos de paz y de guerra,
de progreso y de crisis.
El tercer hilo conductor de la presente
historia igualmente se encuentra vinculado con la geografía.
Ésta ha creado condiciones que permiten dividir a la entidad
en por lo menos dos grandes regiones naturales: la del norte y la
del centro-sur. Las características que cada una de ellas
posee han influido en el desarrollo de sus propios tipos de producción,
organización económica, densidad demográfica,
acceso y explotación de los recursos naturales, estructuras
sociales y agrarias, vías de comunicación y, en una
palabra, en sus procesos históricos.
El proceso de industrialización y urbanización acelerada
de la segunda mitad del siglo XX, por un lado ofreció a la
entidad una alternativa viable para su desarrollo toda vez que la
producción agrícola ya resultaba insuficiente para
ello; pero por otro, en su cara menos positiva, modificó
numerosas costumbres y tradiciones populares, algunas ya perdidas
irremediablemente. |
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