La incursión española con sus aliados
indígenas a Tenochtitlán y los hechos conocidos como
la Noche Triste, así como el regreso a Tlaxcala, fueron acontecimientos
que trastocaron de manera definitiva el mundo indígena. Después
de la retirada española, Cortés se hospedó
en la casa de Maxixcatzin en Ocotelulco y Alvarado en la de Xicohténcatl
en Tizatlán, mientras Axayacatzin trataba de convencer en
vano a sus coterráneos para aliarse con Cuitláhuac,
quien acababa de ser ascendido al trono mexica tras la muerte de
Moctezuma.
Los aztecas también trataron de atraerse
a los tlaxcaltecas para que juntos derrotaran y expulsaran a los
españoles. Ante esas propuestas, Cortés ofreció
a los señores de Tlaxcala parte de los territorios por conquistar.
La larga enemistad entre naciones indígenas, que no entre
dos pueblos de la misma nacionalidad, fue factor decisivo para que
los señores de Tlaxcala mantuvieran la alianza con los españoles.
Las relaciones entre Cortés y Xicohténcatl Axayacatzin
fueron difíciles desde sus primeros contactos. Pocos dirigentes
indígenas como él, se dieron cuenta del drama de la
conquista. Cuando Cortés estaba en Texcoco para poner sitio
a Tenochtitlán, Xicohténcatl dejó el ejército
aliado porque contradecía sus convicciones libertarias. Cortés
procuró su regreso, pero el orgulloso tlaxcalteca se negó
por lo cual, con el apoyo de los señores tlaxcaltecas, lo
mandó aprehender y ahorcar.
Entre las doncellas que Xicohténcatl Huehuetl
dio a los españoles destacó la bella Tecuilhuatzi,
bautizada como doña Luisa y dada por esposa a Pedro de Alvarado,
a quien acompañó con 300 guerreros tlaxcaltecas a
la conquista de los territorios de Guatemala, El Salvador, Honduras
y el Perú.
A la muerte de Xicohténcatl le sucedió
en el señorío de Tizatlán, Teuhtipitl Tzelecatzin,
quien vivió muy poco, quedando a la cabeza del señorío
Motenehuatzin Xicohténcatl.
El 13 de agosto de 1521 cayó la gran Tenochtitlán
en manos de los españoles. Las nuevas empresas de conquista
y descubrimiento que emprendió Cortés contaron con
la ayuda de sus aliados tlaxcaltecas, quienes desde la pequeña
Tlaxcala se diseminaron por toda la Nueva España y parte
de Centroamérica. La rivalidad y el encono entre Tlaxcala
y Tenochtitlán, han sido descritos por el cronista de Tlaxcala,
Desiderio Hernández Xochitiotzin, quien comenta que "la noticia
de la caída de Tenochtitlán fue trasmitida por correos-corredores
al día siguiente al medio día".
Las noticias sobre la caída de Tenochtitlán
propiciaron una asamblea en la que los tlaxcaltecas acordaron nombrar
como patrona de la nación tlaxcalteca a la Virgen María
y "en honor de este acontecimiento llamaron a su improvisada iglesia
y más tarde al convento que se construiría en la ciudad
de Tlaxcala, de nuestra Señora de la Asunción, para
que cuando ésta subiera al cielo, llevara en sus santas y
venerables manos, el acto de gracia a su Divino Hijo y éste
a su vez, entregara al Eterno Padre, como presente, el derrumbe
de la ciudad del demonio que era Tenochtitlán".
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Los monumentos que han llegado hasta nuestros días
parecerían indicar que los tlaxcaltecas no fueron grandes
arquitectos. Sin embargo, debe considerarse que muchas de sus edificaciones
fueron destruidas y sus materiales usados para las construcciones
civiles y religiosas de la ciudad virreinal. Las ruinas de lo que
fueron los altares de Tizatlán, nos muestran una técnica
avanzada y un manejo de los colores de muy buen gusto. Diego Muñoz
Camargo dice que Tepetícpac fue mudando su nombre de Texcalticpac,
a Texcallan y finalmente Tlaxcala. Los viejos cronistas como Bernal
Díaz del Castillo y también Hernán Cortés,
en sus Cartas de Relación, como otros narradores de la época, llamaron indistintamente
ciudad o República a los cuatro cabeceras de la federación
tlaxcalteca. Con relación a la ciudad de Tlaxcala, el extremeño
escribió que: "era tan grande y de tanta admiración,
que era mayor que Granada, y mucho más fuerte, de mayores
edificios y de mayor población que aquella al tiempo que
se ganó y muy abastecidas de maíz, aves, caza, pescado
de los ríos y otras cazas buenas de mantenimiento". Cuenta
el conquistador que al mercado principal concurrían diariamente
unas treinta mil personas, y que en él había toda
clase de víveres, vestidos y calzados, joyas de oro, plata
y piedras finas, plumas hermosas, loza muy buena, leñas,
carbón, medicinas, barberías y baños". Refiere,
en fin, que era tierra de muchos señores e innumerables vasallos
con grandes y ricos campos de labranzas. Hernán Cortés
confundió la cabecera de Ocotelulco con la ciudad de Tlaxcala.
Llegada de Cortes el 27 de
abrl de 1519
Murales Palacio de Gobierno

Acuerdo de paz y recepción
de los españoles en el señorío de Tizatlan
Murales Palacio de Gobierno
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