Además de la producción agrícola,
los indígenas contaban con una larga experiencia en materia
textil y en el uso y explotación de la grana cochinilla,
el caracol púrpura y otros tintes de origen vegetal y animal
para colorear sus telas. Esta experiencia fue asimilada por los
colonizadores españoles quienes establecieron obrajes textiles
donde laboraban gran cantidad de trabajadores, contratados de manera
libre y por un salario determinado, sin olvidar los esclavos negros
y los reos que cumplían su castigo en ese lugar. La introducción
de telares europeos permitió trabajar con materiales antes
desconocidos como seda y lana, que años más tarde
darían prestigio a Tlaxcala por la calidad de sus productos
textiles.
La defensa de la fuerza de trabajo, fue otra de
las funciones que también ejerció el Cabildo indígena.
Se opuso permanentemente al trabajo compulsivo y evitó que
las encomiendas y los repartimientos florecieran en Tlaxcala, como
aconteció en el resto de la Nueva España. La única
excepción fue la contribución de 800 indígenas
durante los 16 años que duró la construcción
de la ciudad de Puebla, entre 1532 y 1548, cuando la presión
de los españoles ante el virrey, doblegó al celoso
cabildo tlaxcalteca, quién a cambio de la aportación
de mano de obra, durante esos años obtuvo la concesión
de suspender la entrega del tributo de 8,000 fanegas anuales de
maíz.
En el caso de los terrazgueros, indígenas
carentes de tierras, el cabildo los dotó de parcelas pero
evitó que fueran convertidos en tributarios de la real hacienda,
como era la disposición en toda la Nueva España. De
esa manera también protegía sus intereses beneficiando
a la nobleza tlaxcalteca, quien se veía fortalecida con nuevos
tributarios de las casas señoriales.
En 1591, la corona española se propuso crear
una flota de buques de guerra que hicieran frente a los piratas
y corsarios que infestaban los mares. Para financiarla impuso a
sus vasallos una contribución de cuatro reales. El Cabildo
tlaxcalteca consideró que por ser una contribución
especial, únicamente la pagaría por dos años,
determinación que disgustó al virrey Luis de Velasco
II, quien de manera autoritaria los obligó a continuar el
pago año con año. En 1597, las malas cosechas obligaron
al cabildo a suspender el pago de la contribución apelando
al Consejo de Indias.
El virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo
ordenó en 1599 el embargo de los bienes del cabildo hasta
que se pagara la contribución que ya alcanzaba la cifra de
21,599 pesos de oro común correspondiente a rezagos en el
pago del real servicio del tostón por los años de
1596 a 1598. Fueron apresados en la cárcel de Cholula el
gobernador de naturales y 15 oficiales en tanto se remataba lo embargado
hasta cubrir el monto. |
|
|
A las cargas anteriores se sumó la voracidad
del clero español que crecientemente aumentó gravámenes,
a través de mandas y mayordomías, que terminaban traduciéndose
en la confiscación de las propiedades territoriales de los
indios, pasando dichas tierras a manos de los españoles que
las transformaban en haciendas.
A estas cargas administrativas, se agregarían
calamidades como las heladas de 1691 que fueron sumamente graves,
disminuyendo sustancialmente la producción agrícola.
En 1692 el desabasto provocó que tres mil indígenas
se amotinaran frente a las Casas Reales, demandando la salida del
gobernador español Manuel Bustamante y Bustillos. La oportuna
huida de éste impidió su linchamiento, pero no evitó
que los sacerdotes que trataban de sofocar la sublevación
fueran apedreados por el pueblo que también incendió
las Casas Reales, incluyendo el archivo que en ellas se resguardaba.
En 1694 y 1697 volvieron a presentarse hambrunas que acarrearon
epidemias, muriendo un número importante de tlaxcaltecas.
Como si estos desastres no fueran suficientes, el río Zahuapan
se salió de su cauce en 1711, derrumbando casas y anegando
sementeras. En la mañana del 16 de agosto del mismo año,
los habitantes fueron despertados por un sacudimiento sísmico
que afectó las construcciones de la ciudad, entre ellas,
las Casas Reales. Los males no cedieron: todavía en 1717
una plaga de langostas devastó las cosechas que estaban a
punto de ser levantadas, provocando escasez que se tradujo en un
inusitado aumento en los precios de los productos de consumo básico
de la población.
A los desastres ya referidos vino a sumarse otro
de índole política. A raíz de las reformas
borbónicas, que reestructuraron la organización social
y política de la Nueva España, en Tlaxcala desapareció
el gobierno autónomo, integrándola a la Intendencia
de Puebla. La medida se aplicó durante la presencia en Tlaxcala
del visitador José de Gálvez. La injusta reforma administrativa
fue enmendada, el 2 de mayo de 1793, por el rey de España
Carlos IV cuando ordenó que Tlaxcala se separara de la Intendencia
de Puebla, asignándole un gobernador militar, que reconocería
como máxima autoridad sólo al virrey.
collage%20textil.jpg)
Guía Turística
Te Queremos en Tlaxcala |
|